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日志


8月30日

HOMILIA. 6 DE SETIEMBRE 2009.

 

DOMINGO XXIII

   La afirmación del apóstol Santiago debería ser vivida por todos nosotros: “ No juntéis la fe con la acepción de personas”. No podemos creer en Jesús y despreciar a los hombres ¿Cómo nos atrevemos a llamar a Dios, Padre, y no aceptarnos y amarnos como hermanos? El Dios en quien creemos, el Dios revelados en la sagradas Escrituras y “en la etapa final” por Jesús, el Cristo, tiene su mirada puesta en los humildes de corazón. Lo que no cuenta ante la mirada humana es lo que cuenta ante Él, ha elegido a los pobres y humildes para confundir a los soberbios y orgullosos.

  Dios se revela a todos, pero los soberbios y orgullosos tienen una cierta incapacidad de abrirse a Dios, de vivir en el Amor.

  Para los sencillos, para los limpios de corazón Dios es su sostén, su alegría. Hay muchas cosas que no terminamos de explicarnos, de comprender los humanos, nos sentimos muy poca cosa ante la inmensidad del mundo nos confunde el mal físico y sobre todo el moral que sufrimos. El ser humano no sólo es una pregunta sino que es sobre todo un ser que pregunta y no siempre encuentra respuestas.

  ¿Por qué esta incomprensión con las personas a las que quiero? ¿Por qué anida, a veces, cierta rabia en mi corazón? Me decía una señora muy rica, materialmente, soy una persona triste, amargada, mis hijos sólo me quieren por lo que tengo. Desgraciadamente hay situaciones así. Muchas cosas entre las relaciones humanas que no terminamos de comprenderlas.

  Pero también hay otras maneras. “No tenía nada material, pero tenía muchos amigos. No le faltaba nada y superó los 100 años de vida. No son casos inventados, no, es experiencia pastoral. Casos históricos, aunque no hagan historia.

   ¿Por qué mi sobrina tiene una enfermedad incurable? No puedo creer en un Dios que permite estas cosas. Pero la sobrina cree profundamente, a pesar de su enfermedad, y ama a Dios. El Dios de Jesucristo, nuestro Dios, está más allá de la enfermedad. Y el mismo quiere ser servido en el hermano enfermo, en el necesitado.

   Dios tiene la mirada puesta en los humildes, en los sencillos, en aquellos que a los ojos humanos no cuentan para nada. El se hizo necesidad y se acercó a los necesitados, que es toda la humanidad.

   Los que le hemos conocido nos acercamos al hombre que sufre y le tendemos nuestra mano para transmitirle fuerza. Queremos acercarnos a él “para que oiga y hable”, que no falte jamás la comunicación entre los humanos, la ayuda mutua, una mano tendida al necesitado.

   Si creemos en un Dios Padre, comportémonos como hermanos, desde nuestra fe digamos a los cobardes de corazón “sed fuertes, no temáis”. Y en unión con Dios en los desiertos de la vida hagamos posible que broten las fuentes de agua viva para apagar la sed de tantos sedientos.

 

P. Miquel Bonet Nicolau C.R.

8月29日

HOMILÍA, 30 DE AGOSTO 2009

 

DOMINGO XXII

   El pasado sínodo de los Obispos versó sobre la importancia de la Palabra de Dios. Palabra que nos llega como palabra humana, para que sea entendida por los humanos y para ser entendida lo primero que hay que hacer es prestar atención, dar lugar al silencio, un silencio respetuoso ante el que nos habla, si hablamos todos a la vez, es muy difícil captar el mensaje del otro.

   Los cristianos que vivimos en Barcelona en el plan pastoral del trienio pasado uno de los objetivos era el “celebrar bien la eucaristía” el misterio de nuestra fe. En ella tiene una gran importancia la escucha de la Palabra de Dios, últimamente se nos han dado unas directrices para que después de cada lectura se haga un breve silencio, precisamente con la misma intención: dejar que la Palabra sea meditada en nuestro corazón. Hay que proclamarla con claridad, con unción por el lector y recibida con respetuoso silencio por todo el pueblo.

   Santiago hoy nos recuerda: “Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros, llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos” Y termina recordando que la unión con Dios implica nuestra unión con los necesitados.

   Para entender hay que escuchar lo que se nos dice, no lo que queremos oir. Hay que prestar atención, para poder entender. A veces no entendemos a la primera y se nos tiene que repetir las cosas. Sobre todo necesitamos hacer un espacio en nuestro interior, un respetuoso silencio, para dar cabida a la Palabra.

   Cuán importante es el interior del hombre! Nos lo ha recordado hoy el evangelio según san Marcos hablando de la pureza y la impureza. “Escuchad y entended, dice Jesús. Nada que entre de fuera hace impuro al hombre” Es en el interior que se juega nuestra vida. Un poco de higiene mental de tanto en cuanto es bueno. Que no se nos vaya toda la fuerza por la boca y procuremos alimentar nuestro interior, “purificar nuestro corazón, nuestros sentimientos” una mirada limpia-

   La ley es buena y necesaria, San Pablo habla de ella como de un pedagoga, el que guía nuestros pasos, pero cuando uno ha crecido ya ha interiorizado el pedagogo y busca más el espíritu de la Ley, no tanto la letra. La Ley interiorizada nos libera y nos hace crecer, el apegarnos a ciertos preceptos sin tener en cuenta el Espíritu que los inspiró, puede esclavizarnos e incluso ir en contra de la Ley. Es  la advertencia de Jesús ante aquellos que se escandalizan porque los pobres discípulos queieren entretener su hambre restregando una espigas en sábado. Lo primero en lo primero y lo primero es alimentarse, el sábado vendrá después.

   Aceptemos dócilmente la Palabra en la que se fundamenta nuestra Fe.

 

P. Miquel Bonet Nicolau C.R.

8月20日

HOMILÍA. 26 de agosto 2009

 
Homilía

23 de agosto de 2009 - DOMINGO XXI T. O. C.B.

“Este modo de hablar es inaceptable ¿Quién puede hacerle caso?” Había muchas cosas difíciles de aceptar en aquel auditorio que escuchaba a Jesús. Como también lo son para los hombres de todos los tiempos. No terminan de comprender el signo de que les habla, le buscaban porque había multiplicado los peces y los panes y querían proclamarlo rey, pero Jesús se retira, no quiere caer en “la tentación”.

Se da cuenta de que siguen sin entenderlo y a partir de aquí, de nuevo, sigue mostrando quien es, les invita a dar fe a sus palabras, a recordar la profecía de Daniel sobre el Hijo del Hombre. Y al final de todo el discurso viene la decepción total. “Este modo de hablar no se puede aceptar”. No es fácil creer y Jesús les pedía, nos pide fe. El Espíritu es el que da vida. Las palabras que os he hablado son Espíritu y vida, y con todo algunos de vosotros no creen.

San Juan en la narración de este capítulo integra la decepción de sus discípulos y anuncia la traición de uno de ellos. A la vez que termina con una profesión de fe en boca de Pedro: “Señor ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna, nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”

El escándalo, la falta de fe posiblemente no vendría tanto por el “comer o beber su cuerpo y su sangre”, sino por aquello que aparece en la acusación en el juicio: Siendo hombre se hace igual a Dios. Ésta es la gran dificultad para la fe de ayer y de hoy. Creer que Jesús, el hijo de María es Dios.

En este gran discurso sobre el pan de vida que hemos proclamado y reflexionado estos domingos, el mismo Jesús nos advertía “Nadie puede venir a mí, si el Padre no lo atrae” y nadie conoce a Dios más que aquel que procede de Él.

Es cuestión de abrirse a la Palabra y creer. Dejar que el Espíritu nos abra la inteligencia y la voluntad para creer en el enviado Jesucristo y obrar a su estilo. Hay que desarrollar en nuestro interior la semilla de la fe y expresarla a través de nuestras obras.

Al comulgar nos unimos “al Hijo del Hombre, que se identifica con Jesús de Nazaret, pero no nos quedamos en el plano de la “carne”, sino en el Espíritu, no nos quedamos al nivel humano de Jesús, sino que aceptamos a aquel que procede del Padre y al cual nos unimos tomado el pan de vida.

P. Miquel Bonet C.R.

8月15日

HOMILÍA 16 DE AGOSTO 2009

 
Homilía

16 de agosto de 2009 - DOMINGO XX T. O. C.B.

La fe cristiana no es una invención humana, es una aceptación humana de la revelación de Dios. Dios sale a nuestro encuentro, se nos revela, se nos da a conocer. Nos ha hablado a lo largo de la historia, nos habla a través de los Patriarcas, los profetas… y en la etapa final nos habla por su Hijo. Desde la muerte y resurrección de Jesús, dice san Juan de la Cruz, Dios ya no tiene nada más que decir, ya nos lo ha dicho todo.

Pero esta revelación, esta Palabra de Dios tiene que ser asumida por cada generación humana y a la vez, también, por cada ser humano en la medida de sus posibilidades. Dios sale al encuentro de cada persona y ésta le ofrece el obsequio de la fe.

En el libro de los proverbios en este domingo se nos habla de cómo la Sabiduría quiere banquetear con los inexpertos para instruirlos a fin de que sigan el camino de la prudencia. Y el apóstol Pablo en la carta a los Efesios les invita a saber aprovechar la ocasión que les ofrece la vida presente a la vez que les invita a andar en la sensatez. Buenos consejos, cuando vivimos en medio de imprudencias y no siempre nos dejamos guiar por lo más sensato.

Pero el núcleo del mensaje de este domingo está en el evangelio según san Juan y en las palabras de Jesús: “mi carne es verdadera comida, mi sangre verdadera bebida”. En este texto Jesús se identifica con el Hijo del Hombre.

Y ¿Quién es el Hijo del Hombre? Los contemporáneos de Jesús lo sabían muy bien. Esta figura aparece en la profecía de Daniel. En una de sus visiones ve venir una figura como de Hijo de Hombre al que Dios le entrega el poder, el honor y la gloria. Para san Juan para tener vida hay que estar en íntima comunión con el Hijo del Hombre y con él se identifica Jesús.

Jesús y el Hijo del Hombre es lo mismo, pero con una diferencia, no podemos quedarnos con el Jesús humano, con el Jesús histórico, hay que aceptarlo, reconocerle como el Hijo del Hombre o el hijo de Dios. Hay que aceptarlo como el enviado del Padre.

Jesús se autorevela, se nos presenta y en nosotros está el dar fe a sus palabras. La vida de Jesús está íntimamente unida a la vida de Dios Padre, así el que come la carne del Hijo del Hombre, que es Jesús, tendrá vida en él, que es fuente de toda vida.

P. Miquel Bonet C.R.
8月13日

HOMILÍA 15 DE AGOSTO (ASUNCIÓN DE LA VIRGEN)

ASUNCION DE MARIA- 15-VIII-2009

 

   La asunción de la virgen María está íntimamente unida al misterio pascual de su Hijo. Podemos decir que es la Pascua de María, el paso definitivo a la plena comunión con Dios en la eternidad. Paso al que estamos llamados también todos los hombres, toda la humanidad, unirnos a nuestro hermano Jesús, el Hijo del Hombre, el Hijo de Dios.

 María es la imagen de lo que está llamada a ser la Iglesia al fin de los tiempos, participar de esta comunión plena con Dios, donde está la cabeza, Cristo, está llamado a estar el cuerpo la Iglesia, en este Cristo total.

  La maternidad divina de María es el punto de partida para sus otros privilegios: su inmaculada concepción y su asunción al cielo.

 María en su vida mortal guardaba y meditaba en su corazón cuanto veía y oía. Estaba íntimamente unida a su Hijo en su humildad y confianza. María es el gran signo de firme esperanza y consuelo para el pueblo de Dios en marcha, llamado, también a guardar y meditar en su “corazón” las palabras del Señor y hacerlas vida en su vida.

 María, para nosotros es el Arca de la Nueva Alianza, ella nos hace presente el Salvador del mundo con su nueva Ley de Amor: “Amaos mutuamente como yo os he amado, en esto conocerán que sois discípulos míos”. “Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por los amigos, vosotros sois mis amigos…”

Nuestra vida, como la d María se juega en un “sí”, en nuestra fe a la Palabra de Dios. En aceptar su proyecto sobre nosotros. No son nuestros lazos de sangre, la biología lo importante, sino la fe, como vemos en el texto de Lucas.11,27-28 “Dichosos los que escuchan la Palabra de dios y la guardan”. María es bienaventurada, no por haber traído al Hijo de Dios al mundo, sino por haberse puesto a total disposición del proyecto de Dios sobre el mundo. Por su “sí” a las palabras del ángel. Así es María, la que está a la escucha para dar cabida en ella la voluntad dl Padre.

María subida al cielo, unida en vida mortal y eterna a su amado hijo. María causa de nuestra esperanza, pues unidos a ella y a su hijo también estamos llamados a gozar de esta plena comunión con el Padre.

Pero mientras tanto llegue este momento, a lo largo de nuestro peregrinar tengamos presente aquella invitación de María en las Bodas de Cana: “Haced lo que Él os diga”. Y Jesús nos dice que hay que estar dispuestos a cambiar muchas cosas en nuestro mundo, sobre todo sembrar vida y alegría, desterrar el odio y la incomprensión y vivir, en la diversidad de pueblos y personas, la solidaridad, la unidad y la paz.

María, feliz tú que has creído. En las horas de oscuridad reafirma nuestra fe, unida a la caridad.

 

P. Miquel Bonet Nicolau C.R.

8月8日

Homilía (domingo 19 tiempo ordinario)

Homilía

9 de agosto de 2009 - DOMINGO XIX T. O. C.B.

Centremos hoy nuestra mirada en el profeta Elías, el gran defensor del Yavismo, el Dios de Israel. Dios escucha su plegaria y hace posible que el fuego consuma la victima que había preparado, mientras que los falsos profetas, los de Baal, se ven desautorizados. Pero el profeta se equivocó al darle muerte y no consigue la pacificación. Es perseguido a muerte por la reina Jezabel y tiene que huir para salvar la vida. En esta huída se desanima, deseándose la muerte: “no valgo más que mis padres”. Pero Dios todavía tenía una gran misión para él.

En esta desesperación Dios se le manifiestas con unos símbolos que leídos desde el Nuevo testamento se convierten en antetipo de lo que será la Eucaristía: Una hogaza de pan y una jarra de agua”. Una voz le dice “Come que el camino es superior a tus fuerzas”. Elías comió y bebió y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar a orbe, el monte de Dios.

También nuestro camino de fe, nuestro camino cristiano es superior a nuestras fuerzas, necesitamos alimentarnos, necesitamos que el Espíritu de Dios venga “en ayuda de nuestra debilidad”.

Elías llegó al monte de Dios y éste le habló una vez más y él que huía de las dificultades tuvo que bajar de nuevo del monte para encontrarse con los pobres, con “la viuda y el huérfano” los que no tienen protector y en esta pobreza manifestar la bondad de Dios.

También los cristianos con la fuerza de la “palabra y el pan de vida” retomamos fuerzas y también a nosotros el Señor nos envía a distribuir la paz y el pan entre los más necesitados. Dificultades no nos faltan, incomprensiones tampoco, a veces fallamos como el profeta Elías. Pero el Señor sigue dirigiéndonos la palabra y ofreciéndonos su pan, para que no desfallezcan nuestras fuerzas.

Recordémoslo una vez más, aceptar a Jesús como Dios no es fácil, sólo lo podemos hacer desde la fuerza del Espíritu. Sus contemporáneos se preguntaban ¿No es el hijo de José? ¿Cómo dice que ha bajado del cielo? Y en este diálogo el mismo nos recuerda que “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae mi Padre”. A la vez que es Él que nos revela al Padre.”Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: éste ha visto al Padre”.

Jesús ha entregado su vida, derramado su sangre, y ha entregado su cuerpo, pan de vida, para la vida del mundo.

Como decíamos el domingo pasado que sea nuestra súplica: “Señor, danos siempre de este pan”.

P. Miquel Bonet C.R.