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July 25 Homilía (27-07-2008)DOMINGO XVII TIEMPO ORDINARIO. C. A.
“Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para bien...”así lo afirma el apóstol San Pablo a los Romanos a la vez que les recuerda, y nos recuerda, que estamos predestinados a ser imagen de su Hijo. Este Hijo que hoy sigue enseñándonos los misterios del Reino y que cuando uno lo encuentra todas las demás cosas pasan a segundo término y nos centramos en su valor, que nos llena de alegría. Cabe que nos preguntemos hoy, si en verdad vivimos esta centralidad por las cosas del Reino de Dios y si ello es motivo de nuestra alegría, cómo vivimos el gozo de amar a Dios y de sentirnos protegidos y amados por Él. La imagen que damos los cristianos, a veces es una triste imagen. No siempre se nota la alegría de haber encontrado el tesoro o la perla preciosa. A veces da la sensación de que no acabamos de creernos aquello de que hablamos. Si hemos encontrado el gran tesoro de nuestra vida en Cristo, si de verdad hemos encontrado la perla preciosa que es Cristo o el Reino de Dios que Él nos ofrece, no temamos dejar las otras cosas en segundo término y centrémonos en lo esencial Con Salomón pidámosle al Señor que nos de un corazón dócil para gobernar, no tanto a su pueblo, sino nuestras vidas, que sepamos discernir el bien del mal y que nos apeguemos fuertemente a Él. Alegrémonos en el Señor, su Reino, que no es de este mundo, está entre nosotros se trata de saber descubrirlo. P. Miquel Bonet Nicolau C.R. July 18 Homilía (20 de julio 2008)DOMINGO XVI. TIEMPO ORDINARIO. C. A. 13 DE JULIO 2008 Seguimos con las parábolas del Reino y con la siembra. Se siembra bueno, pero aparece el mal. Algunos se quejan del relativismo moral: “Ya no sabemos lo que es bueno omalo, lo que es bueno para uno, puede ser malo para otro”. Sí reconocemos que es mas de una ocasión nos habremos hecho muchas preguntas sobre el bien y sobre el mal. Nos gustaría que todo fuera bueno, y bueno salió de la mano de Dios, esta es nuestra fe y la de nuestros hermanos judíos, pero aparece el mal, que incluso a veces aparece con apariencia de bien. No faltan quienes quisieran irradicar el mal, pero y si con ello también irradicamos el bien. Hay que tener paciencia, aunque con frecuencia nos impacientemos, ya llegará el día en que cada cosa estará en el lugar que le corresponda. Este es el mensaje de la parábola. En el libro de la Sabiduría hemos escuchado: “diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento” Ësta es la manera de actuar de Dios, que no quiere la myuerte del pecador, sino que se convierta y viva. Pero el pecador no son los otros, las malas hierbas, la cizaña, sino uno mismo invitado una y otra vez a reflexionar, a convertir su corazón al Señor. También el libro de la Sabiduría nos recuerda: “enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano”, y lo leemos como si nada. ¿Es que puede ser uno justo y no ser humano? ¿Puede ser uno humano y no ser justo? En la Sagrada Escritura está claro que el Señor inclina la justicia hacia el pobre, hacia el indefenso. Pero en la historia de la humanidad hay demasiada experiencia acumulada y la justicia a veces es muy retorcida y quienes lla administran a veces se sienten turbados y débiles. Dijo Jesús en cierta ocasión “el sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado”, digamos lo mismo de las leyes y de la justicia. Ésta debe ser humana en el sentido positivo del término, es decir buscar por encima de todo el bien del hombre. Estamos, tal vez, demasiado dispuestos a “cortar por o sano”, nos impacientamos, no terminamos de creer en la conversión de las personas . Escuchemos hoy a san Pablo que también nos recuerda que el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no siempre acertamos a pedir lo que nos conviene. Mientras hay vida hay esperanza y a las personas Dios les da ocasión para enderezar sus vidas. Nosotros también tendríamos que dar un margen de confianza. Como nos dice la experiencia no confundamos el pecado con el pecador. P. Miquel Bonet Nicolau C.R. July 10 Homilía. 13 de julio 2008DOMINGO XV. TIEMPO ORDINARIO. C. A. 13 DE JULIO 2008 Jesús hablando del Reino de Dios y de la vida nueva que se inicia en el creyente, lo hace poniendo comparaciones o parábolas. En cierta ocasión nos dice que la mujer cuando ha dado ha luz se olvida de todo el sufrimiento y se alegra por haber traído un hijo al mundo. Hoy es san Pablo que echa mano de esta comparación y nos invita a que seamos capaces de mirar más allá de los sufrimientos de la vida presente, poniendo la vista en la nueva creación a la que estamos llamados. La sabiduría popular nos ha dejado el refrán “no hay mal que cien años dure”. Todos tenemos nuestra propia experiencia de la enfermedad y del sufrimiento a la vez que sabemos que no siempre los consejos de los demás nos alivian, cada uno sufre su propio dolor moral o físico, por eso uno a veces no puede hacer más que estar presente y escuchar al que sufre, no encontrando siempre las palabras adecuadas para aliviar el dolor ajeno. Victor Frank un gran psiquíatra que estuvo en el campo de concentración de Ausvisch, decía que si el sufrimiento se puede evitar hay que evitarlo, sufrir por sufrir no da ningún sentido a nuestra vida, pero si no se puede evitar hay que asumirlo, hay que integrarlo en nuestra vida, como compañero de viaje. Sabemos, por la fe, que la creación entera está gimiendo con dolores de parto para dar a luz una nueva creación y ésta ya se inició con la muerte y resurrección de Cristo. Otra figura muy gráfica que nos presenta hoy en profeta Isaías en la primera lectura es la referente a a la Palabra de Dios, el texto visto desde el Nuevo Testamento lo referimos a Cristo, el hijo de María, el Hijo de Dios. Él es la Palabra, que como la lluvia no vuelve de donde procede sin antes haber fecundado la tierra y hacer germinar la semilla. Así ha sucedido con Cristo el vuelve al Padre, a lo alto, después de cumplir su encargo, la salvación ofrecida a la humanidad, Como dice la palabra del sembrador “El que tenga oidos que oiga”. ¿Cómo vivimos la vida nueva que Cristo nos da? P. Miquel Bonet Nocolau C.R. July 03 Homilía, Domingo 6 de julio 2008.DOMINGO XIV. TIEMPO ORDINARIO. C. A. 6 DE JULIO 2008 Sabemos que el evangelista san Mateo nos presenta a Jesús como si fuera un nuevo Moisés que conduce a su pueblo a la Tierra Prometida. Precisamente la primera vez que aparece en la Biblia el adjetivo “humilde” es aplicado a Moisés (Libro de los números 12,3). De Aarón y María,hermanos de Moisés, se nos dice que tenían envidia, mientras que a Moisés nos lo presenta el autor como el hombre más humilde de la tierra. san Mateo que pone en boca de Jesús “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” seguramente tenía presente el texto que hace referencia a Moisés. Pero todavía hay más resonancias del Antiguo Testamento en este texto de Mateo. En el Libro del Éxodo Moisés pide al Señor que les acompañe hacia la Tierra Prometida y el Señor le promete que les acompañará y que les hará reposar, les hará entrar en su descanso. Y así lo dice Jesús en el evangelio que proclamamos este domingo, cual nuevo Moisés, nos invita a seguirle, a cargar con su yugo “sueve y ligero” y encontraremos nuestro descanso. La vida del hombre no es más que un caminar hacia el futuro “hacia la Tierra Prometida” y en este caminar no faltan las dificultades, las tensiones, las envidias, las incomprensiones, es por esto que una buena dosis de humildad nos hace falta, reconocer lo que “somos en realidad y lo que estamos llamados a ser”. En el corazón de todo hombre anida este deseo de paz, de justicia, de amor. No en vano a los que ya partieron, a los que dejaron de “caminar” les deseamos que “descansen en paz”. Porque reconocemos que toda vida humana es un esfuerzo, es una continua lucha. Pero en el gran misterio de la vida podemos encontrarnos con muchas comprensiones de la misma. Cristo es conciente que estas cosas del Reino no todos las comprenden, que su comprensión requiere un poco de sencillez, de humildad, mientras que los “sabios y entendidos” a veces estan tan llenos de sí mismos que no dan cabida a nada más, se incapacitan para entender las cosas del Reino. El mismo Jesús muchas veces nos habla de “hacerse como niños o de nacer de nuevo, de lo alto o del Espíritu” para poder entrar en este descanso. Un poco de humildad es buena y necesaria. Santa Teresa cantaba aquello de “nada te turbe, nada te espante... quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta”. Él es nuestra Tierra Prometida, en Él encontramos nuestro descanso, también en esta vida presente podemos pregustar de esta paz y serenidad que necesitamos para avanzar en más humanidad, más fraternidad. “Alégrate y goza Jerusalén” tu Rey es modesto, humilde, viene a servir y no a ser servido. No olvidemos que el Espíritu que resucitó a Jesús es el mismo Espíritu que habita en nosotros, sigamos sus inspiraciones. Él nos quiere seguidores de las mismas actitudes de Cristo. Manso y humilde de corazón para así encontrar nuestro descanso, no sólo en el “más allá” también en la vida presente. No perdamos la calma, creamos en Él, confiemos en Él. P. Miquel Bonet Nicolau C. R. |
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