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2月20日 Homilía (24 de febrero 2008)
San Juan en su evangelio nos ha dejado unos preciosos diálogos de Jesús que vamos a contemplar estos tres domingos de cuaresma. No los contemplemos desde fuera e intentemos implicarnos en los mismos, con la samaritana, con el ciego de nacimiento y con Lázaro o con los mismos discípulos de Jesús, pues lo somos, o lo queremos ser de verdad. Nosotros también tenemos sed, pero esta sed no es saciada por cualquier cosa, por esto Jesús nos invita a situarnos en otro plano, el del Espíritu. En otro encuentro y diálogo con Nicodemo, éste le pregunta ¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo viejo? Pues sí, necesitamos nacer de nuevo “del agua y del espíritu” dice Jesús. ¡Qué símbolo tan profundo el del agua! No sólo nuestros campos están sedientos y los pantanos vacíos. También nuestro corazón y el de la humanidad esta seco y necesita ser regado. ¿Dónde nos lleva el consumismo? Necesarios son los bienes materiales, pero hay otras realidades que nos humanizan. Hay que levantar el vuelo y despegar. Hay que dejarse purificar y nacer de nuevo. Es esta fuente que nace de dentro. En nuestro interior se decide nuestra vida. San Agustín, tantas veces citado, nos recuerda su búsqueda “Te buscaba, fuera de mí, Señor y tu eras más íntimo a mi mismo, estabas en mi interior. Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón esta inquieto hasta que descanse en Ti”. Descubrir a Jesús como Profeta, como un hombre de Dios, e ir progresando en nuestro conocimiento hasta que lo descubramos y le confesemos como nuestro Salvador, el Mesías, el Señor. Esta agua viva que Él nos da, el Espíritu de Dios, que nos purifica, que nos hace nacer de nuevo y nos empuja a anunciar a los demás nuestra experiencia. En Cristo Jesús ha llegado la hora de una nueva relación con Dios, el culto en espíritu y verdad. Sinceridad ante Dios y ante nosotros mismos. Por el bautismo, el amor de Dios ha sido derrabado en nuestros corazones y de lo más íntimo de nuestro ser surge la vida de Dios, purificados, vivificados, nacidos a una nueva vida. Los discípulos insisten a Jesús. “Maestro come”, pero Él tiene otro alimento: Hacer la voluntad del Padre, esta voluntad salvadora y quiere llevarla a termino. Jesús tiene una misión revelarnos la bondad del Padre: “Felipe, el que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. El Padre ha sembrado la buena semilla, la Palabra, en el corazón de los hombres la semilla ha madurado ya está para la siega representada en la conversión de los Samaritanos. Sembrador y segador se llenan de alegría. “Ya no creemos por lo que tu dices, nosotros mismos le hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo”.
Señor Jesús, dame sed y ansia de ti. Qué tristeza me produjo aquel niño, 13 años, cuyo interés es sólo el dinero. Cómo podrías abrirle los ojos, para que viera, que hay otras cosas más valiosas. Señor Jesús, déjeme descubrir cada día, tu don, tu Espíritu, los valores del Reino. Dame capacidad para despegar de mí, volar, y a la vez tener los pies bien puestos en tierra. Que tu Espíritu me guíe los senderos de la Vida P. Miquel Bonet Nicolau C.R. 2月14日 Homilía 17 febreroSEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA C.A. (17 FEBRERO 2008)
La experiencia del Tabor nos la narran los tres evangelistas, Marcos, Mateo y Lucas y lo hacen después de contarnos la confesión de Pedro a Jesús como Mesías y la regañina que recibe Pedro de Jesús,”apártate Satanás, tu piensas como los hombres, no como Dios”. La cuaresma para el cristiano es como una imagen que le invita a buscar el rostro de Dios, descubriendolo en la humillación, o la encarnación del Hijo de Dios. Buscamos a Dios, pero Él desde siembre ha salido a nuestro encuentro y nos llama a confiar en Él. Salir de nuestras seguridades caducas y apoyarnos en su Palabra, caminar en su presencia, como Abraham. Los cristianos estamos llamados tomar parte en los duros trabajos del Evangelio. A anunciar con hechos y palabras la salvación de la muerte, lograda por la muerte y resurrección de Cristo. Hay que hacer memoria de nuestra historia, una historia de salvación, de perdón, de reconciliación ofrecida, una y otra vez, por Dios y, en esta etapa final, en la que nos encontramos, ofrecida en Jesús el hijo de Dios hecho hombre. En Él hay que fijar nuestra mirada, a Él hay que escuchar con atención. Subamos con Él al Tabor, como en un nuevo Sinaí, como en un nuevo Horeb y contemplemos el espectáculo: La nube luminosa desde la que se oye la voz: Este es mi Hijo, el predilecto, escuchadle. La nube que simboliza la presencia protectora de Dios sobre su pueblo. Ahí está Moisés, el gran legislador, que representa la Ley de Dios, ahí está Elías, el portavoz de Dios. Los pilares de la fe del pueblo de Israel están en la Ley y los profetas. El nuevo pueblo de Israel se fundamenta “en el Hijo amado del Padre”, a Él hay que escuchar, a Él hay que seguir en el Tabor y en la Pasión. “No temáis” les dice Jesús y les prohíbe que comenten lo sucedido hasta que no resucite de entre los muertos. Pero para nosotros no es así, nosotros sí tenemos que contarlo y sobre todo vivirlo. La Ley y los profetas tienen su cumplimiento en Jesús, el hijo de María, el hijo de Dios, a Él hay que escuchar. Él nos invita a tomar parte en los duros trabajos de dar a conocer el mensaje salvador al hombre de todos los tiempos, al hombre concreto y la manera de hacerlo es ponerse al servicio del hombre, es abrirnos a Dios y al prójimo hasta la muerte. Nosotros sabemos que el Señor es nuestro auxilio y escudo, en su presencia no tememos. Seamos bendición por cuantos nos conozcan, nunca motivo de división, siempre de reconciliación. Vivimos la cuaresma desde nuestra fe pascual, contemplamos su gloria que pasó por su encarnación, es decir por su hacerse uno como nosotros. Hagamos memoria. Dios sale a nuestro encuentro, busquemos su rostro, Él, en Jesús, tiene un rostro humano. Señor, que no se me apague la esperanza. Recibí un correo electrónico: el diálogo de las cuatro velas. La paz, la fe, el amor se fueron apagando. Ante la tristeza de un niño, al verla apagadas, La esperanza le dice: no tengas miedo, mientras yo tenga fuego, Podremos encender la paz, la fe, el amor. Señor, que no se me apague la esperanza.
P. Miquel Bonet Nicolau C. R.
2月6日 Homilía 3 y 10 de febreroMIÉRCOLES DE CENIZA 6 FEBRERO 2008
Estos días que nos preparan al grito pascual ¡Aleluya, ha resucitado el Señor! Cuarenta Días, los vivimos ya desde la Pascua. Los cristianos, por el bautismo hemos entrado en esta dinámica de muerte y resurrección, por eso necesitamos celebrarlo, revivirlo. Se nos invita a fijar nuestra mirada en jesús,y a a la vez en nosotros mismos a fin de poder darnos cuenta de que todavía nos falta un buen trecho para asemejarnos a Él. La comunidad cristiana, y cada uno de sus miembros, ha sido llamada-o a seguir los pasos de Jesús. Obediente al padre hats al muerte y muerte de Cruz. El Hombre abierto a Dios y a los hombres. Es tiempo de reconocer nuestras infidelidades, nuestro pecado, tiempo de arrepentimiento y de escucha de la Palabra de Dios, que nos llama una y otra vez a la vida. No quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Desde nuestras caídas se nos llama a levantarnos de nuevo, para buscar una y otra vez el rostro de Dios y del hermano. Sincerarnos con Dios y con nosotros mismos. Desde lo que somos Dios nos quiere y nos llama a la plena comunión con Él. En este tiempo, especialmente, pero también en nuestra vida de creyentes hay tres gestos que expresan nuestra actitud de querer mejorar: Intensificar la oración, el ayuno y la limosna. Imponer la ceniza sobre nuestras cabezas debe ser en verdad un gesto que ayude a cambiar este corazón soberbio en un corazón humilde: “Recuerda hombre que eres polvo y al polvo retornarás”, y desde esta pobreza, desde esta “nada” Dios nos llama a la Vida. El gesto de conversióna Dios nos lleva al amor a los hermanos.
Desde mi pobreza levanto mis ojos hacia ti, Señor. Sostenme con la fuerza de tu espíritu. Cambia mi corazón empedernido en un corazón de carne, sensible a la necesidad del hermano.
P. Miquel Bonet Nicolau C.R.
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 10 DE FEBRERO 2008.
Cuarenta es un número simbólico, no es tanto una cronología, o un tiempodeterminado que se expresa con ello. En nuestra cultura nos ha quedado la expresión “estar en cuarentena” es un tiempo en el que se decide si uno supera o no la enfermedad. Cuarenta días caminó Elías hasta llegar al Horeb por miedo a que Jezabel le quitara la vida y deseando morir en la dificultad del desierto. Cuarenta años deambuló el pueblo de Israel hacia la tierra Prometida, mientras era tentado en el desierto. Cuarenta días estuvo Moisés en la montaña, antes de recibir la Ley. Cuarenta días estuvo jesús tentado por el desiertro antes de empezar la predicación del Reino. La vida del cruistiano también es como una cuaresma, un cammino de prueba, de tentación. Jesús nos enseña cómo vencer, y en caso de caer, Él nos ofrece su Espíritu renovador. En este tiempo la iglesia nos promone una y otra vez la meditación del salmo 50: “un corazón quebrantado y humillado, tú, Señor, no lo despreciar”. “Misericordia, Señor, hemos pecado”. Vivimo la realidad del pecado día a día, pero no nos falta su gracia. Para los que creemos en el Sumo Bién. En un Dios bueno, reconocemos que el mal, tan presente en nuestras vidas, no lo podemos atribuir a Él. El apóstol Santiago tiene una expresión que es bueno meditarla: “Dios no tienta”, la tentación viene de nosotros mismos. Los maniqueos que creen en un Dios bueno y en un Dios malo lo solucionan atribuyendo a estos dioses el bien o el mal que hacemos. ¿y nuestra libertad? ¿Y nuesdtra responsabilidad? Toda nuestra vida es una prueba, una lucha. Hay caídas, pero no se puede echar la toalla, hay que levantarse una y otra vez, sacarse el sudor y seguir adelante. Dios en su hijo Jesús, en todo semejante a nosotros menos en el pecado, tentado a lo largo de su vida, no sólo es un ejemplo a seguir, Él nos da su Espíritu consolador, defensor,que viene en ayuda de nuestra debilidad. Ahora, esta nuestra vida, es el tiempo favorable, tiempo de salvación. Vivamos esta dinámica cuaresma-pascua. Se nos invita a la austeridad, los bienes materiales no nos pueden salvar, no podemos convertirlos en un fin. Cada uno tendríamos que hacernos un programa cuaresmal que incluyera un poco más de escucha de la Palabra de Dios y respuesta en la plegaria. Revisar nuestra oración comunitaria, especialmentre ¿Cómo vivo la eucaristía dominical? ¿Cómo es mi comunión con Jesús y los hermanos? El ayuno y la abstinencia también me pueden ayudar a poner mi mirada en Dios, en la Vida y en mi hermano necesitado, de vida. Que mi limosna no sea un prolongar su pobreza, sino un verdadero intento de que salga de ella.
Señor, hazme reconocer mi pobreza, seguramente puedo hacer más por mis hermanos, pero a veces me falta valentía, no me arriesgo del todo, tengo miedo. Dame fuerza para vencerlo. También para vencer la tentación de que “yo lo hago mejor que los demás”. Tú, Señor, Jesús, eres el único Salvador.
P. Miquel Bonet Nicolau C.R. |
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