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10月31日 MES DE NOVIEMBRE 2008MES DE NOVIEMBRE 2008
1.Sábado. FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS. Salmo 23. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. 2. DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO. CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS. Salmo 129. Desde lo hondo grito a ti, Señor. 3. Lunes. San Martín de Porres. Salmo 130. Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor. 4. Martes. San Carlos Borromeo. El Señor es mi esperanza en la gran asamblea. 5. Miércoles. San Geraldo. Salmo 26. El Señor es mi luz y mi salvación. 6. Jueves. San Severo. Salmo 104. Que se alegren los que buscan al Señor.. 7, Viernes. San Wilibrodo. Salmo 121. Vamos alegres a la casa del Señor.. 8. Sábado. Santo Toribio de Palencia.. Salmo 111. Dichoso quien teme al Señor. 9. DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO. DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN. Salmo 45. El correr de las acequias alegra la ciudad de nuestro Dios.
EN OCASIÓN DE LA CLAUSURA DEL AÑO JUBILAR SAN ANDRÉS AVELINO, ACTUARÁ A LAS 18 HORAS LA “CAPELLA SANTA MARIA” DE MOLLET DEL VALLÉS I L´ORQUESTRA DE CAMBRA MIQUEL CASES I BELL.
10. Lunes. SAN ANDRÉS AVELINO. Salmo 23. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor.
CLAUSURA DEL AÑO JUBILAR SAN ANDRES AVELINO. A LAS 20 HORAS SOLEMNE CONCELEBRACION. PRESIDIRÁ EL VICARIO EPISCOPAL MN. JOAN GALTES. LA EUCARISTÍA SE CELEBRARÁ POR TODOS LOS FIELES DIFUNTOS FELIGRESES DE NUESTRA IGLESIA DE SAN CAYETANO.
11. Martes. San Martín de Tours. Salmo 36. El Señor es quien salva a los justos. 12. Miércoles. San Josafat. Salmo 22. El Señor es mi pastor, nada me falta. 13. Jueves. San Leandro. Salmo 145. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob. 14. Viernes. San Lorenzo de Dublín. Salmo 118. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor. 15. Sábado. San Alberto Magno. Salmo 111. Dichoso quien teme al Señor.
SALIMOS DE EXCURSIÓN IREMOS A VISITAR UNAS CAVAS Y COMEREMOS EN SANT SADURNÍ DE NOIA.
16 DOMINGO XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. Salmo 127. Dichoso el que teme al Señor.
GRAMIC CELEBRARÁ LA “CASTAÑADA”
17. Lunes. Santa Isabel de Hungría.. Salmo 1. Al que salga vencedor le daré a comer del árbol de la vida. 18. Martes. Dedicación de la Iglesia Catedral. Lucas 19,1-10. El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. 19. Miércoles. San Crispín de Écija.. Salmo 150. Santo, Santo, Santo es el Señor, soberano de todo. 20. Jueves, Beato Pascual Fortuna y compañeros mártires. Salmo 149. Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes. 21. Viernes. Presentación de la Santísima Virgen. Salmo 118. Qué dulce al paladar tu promesa. 22. Sábado. Santa Cecilia. Salmo 143. Bendito el Señor, mi Roca. 23. DOMINGO XXXIV. SOLEMNIDAD DE CRISTO REY. Salmo 22. el Señor es mi pastor, nada me falta.
A LAS 18 HORAS CANTO CORAL. NOS VISITA LA CORAL “SEDNA”.
24 Lunes san Andrés Dung-Lac y compañeros mártires. Salmo 23. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. 25. Martes. Santa Catalina de Alejandría. Salmo 95. El Señor llega a regir la tierra. 26. Miércoles. San Juan Berchmans. Salmo 97. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios omnipotente. 27. Jueves. Beato Ramón Llull. Salmo 99. Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero. 28. Viernes. Santa Catalina Labouré. Salmo 83. Esta es la morada de Dios con los hombres. 29. Sábado. San Saturnino. Salmo 94. Maranathá. Ven, Señor Jesús. 30. DOMINGO I DE ADVIENTO. CICLO B. Salmo 79. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
OTRAS ACTIVIDADES: Los lunes 20´30 comentarios sobre San Pablo Los jueves 18´30 comentarios sobre la Biblia. Los viernes 18 catequesis niños y jóvenes. También a las 18 ejercicios para 3ª edad. HOMILÍA 1 Y 2 DE NOVIEMBREFESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS
San Bernardo se pregunta de qué les sirve a los santos el honor que les tributamos ¿Qué añade a su santidad? ¿Qué bien les hace? Y el mismo se responde: A los santos no les añade nada nuestros honores, ni les hace ningún bien, es a nosotros que nos hace bien el recordarlos, pues al recordar sus vidas, llenas de gracia de Dios y en plena comunión con Cristo, mueve nuestros corazones a seguir sus ejemplos y así, correspondiendo a la gracia del Espíritu, un día poder estar en plena comunión con ellos.
El culto a los santos empezó para celebrar la fuerza del Espíritu de Cristo Resucitado que había dado la fuerza necesaria a aquellos hombres y mujeres dispuestos a derramar su sangre, su vida, antes de apostatar, antes de adorar a falsos dioses. Los mártires son una manifestación del Espíritu de Dios que viene con su fuerza a sostener la debilidad humana para que no reniegue de Él.
Pero también poco a poco en la historia se empezó a venerar y a reconocer a aquellas personas, que sin llegar al martirio hacían una entrega total de sus vidas, también en estos se reconocía el paso de la gracia de Dios, que apoya la debilidad humana.
Nosotros nos encomendamos a los santos, porque sabemos que están en plena comunión con Cristo. Pedimos su gracia para que vengan a fortalecer nuestra debilidad.
Al contemplar la vida de quienes siguieron fielmente a Cristo encontramos nuevos motivos que nos impulsan a buscar la Ciudad Futura y al mismo tiempo aprendemos cuál sea entre las cosas de este mundo el camino seguro que nos conduzca a la perfecta unión con Cristo, o sea a la santidad.
Dios nos manifiesta en forma viva su presencia y su rostro en la vida de aquellos, mujeres u hombres, como nosotros, que con mayor perfección se transformaron en imagen de Cristo. A través de los santos Cristo también nos habla y nos ofrece un signo de este reino suyo, hacia el cual nos llama y somos atraídos.
No sólo permanece la memoria de los santos del cielo por el ejemplo que nos dan, sino aún más, para que la unión de la Iglesia en el Espíritu sea corroborada por el ejercicio de la caridad fraterna, porque así como la comunión cristiana entre los que peregrinamos nos conduce más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo de quien dimana, como Fuente y Cabeza toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios.( Cfr. Lumen gentium nº 50)
Alegrémonos, pues con todos los santos y santas de Dios y vivamos la caridad a la que nos invitan. Recuerdo de mi infancia que el sacerdote del pueblo al explicar que era un santo, nos ponía aquel ejemplo del niño que respondía: un santo es aquel que deja pasar la luz. Se refería a los vitrales de la iglesia en los que había santos dibujados y que dejaban pasar la luz. Era en verdad una catequesis muy ilustrativa, no se de donde se sacó el ejemplo, pero, los santos son aquellas personas que dejan pasar la Luz, que es Cristo.
P. Miquel Bonet Nicolau C.R.
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
Es curioso y a la vez es una gran nota de la aparición de la cultura humana, el culto a los difuntos, incluso en una sociedad, que se quiere denominar laica o no religiosa, quiere saber donde se enterraron sus antepasados. Y es una gran ofensa para un pueblo ver profanadas sus tumbas o molestar a los difuntos, toda muerte humana está envuelta en el gran misterio. Es una realidad sagrada, por muy laicos que se profesen. Algunos tenemos la osadía de confesar que la vida continúa, de otra manera pero continúa. Los cristianos creemos en la resurrección. En sus Confesiones san Agustín nos narra un diálogo con su madre moribunda: … “Estando enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación: ¿Dónde estaba? Después viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo: Enterrad aquí a vuestra madre. Yo callaba y contenía las lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que a él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó, y con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así y, mirándome a mí, dijo: Mira lo que dice. Luego dirigiéndose a ambos, añadió. Sepultad este cuerpo en cualquier lugar; esto no os ha de preocupar en absoluto, lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis”. Santa Mónica tenía bien claro que desde donde estuviera enterrado su cuerpo, el Señor la resucitaría y que lo importante era la plegaria ante Él, estuvieran sus hijos donde estuvieran. Para el Resucitado no hay tiempo ni espacio. Estas categorías ya no cuentan para Él. Y todo el que esté unido a Él en cualquier tiempo y espacio, en la vida y en la muerte “somos del Señor”. Para los cristianos, que esperamos la resurrección, sabemos que somos peregrinos hacia la patria definitiva. Y como dice la madre de los Macabeos a su hijo más pequeño. No tengas miedo aquel que hizo posible que aparecieras en mi seno tiene poder para devolverte la vida, aunque el tirano te los quite. Como cantamos en una plegaria por los difuntos:”La vida de los que en ti, creemos, Señor, no termina, se transforma, y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”. Hacemos memoria de los difuntos, de todos los difuntos, conocidos y desconocidos y con caridad los presentamos a Dios para que “no tenga en cuenta sus pecados” y los llene de su misericordia.
P. Miquel Bonet Nicolau C.R. 10月25日 DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO. 26-10-2002DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO. C. A.
Hoy se nos dice que lo principal e importante para el hombre creyente es amar a Dios sobre todas las cosas, pero semejante a esto tan importante se nos añade que es amar al prójimo como a uno mismo. Sobre la cuestión del prójimo el evangelista Lucas nos ilustrará con la parábola del buen Samaritano. Pero hoy quisiera centrarme en esto de amarlo como a uno mismo. Y para ilustrarlo podríamos recordar todas aquellas sentencias que nos recuerda: 'no quieras para los otros lo que no quieres para ti'. 'Ama como quieres ser amado'. 'Sirve como quisieras ser servido'. El Libro del Éxodo nos ha recordado una serie de normas muy sabias, que los cristianos no deberíamos olvidar, aunque ciertas leyes 'llamadas progresistas' no las tengan en cuanta. Nuestra relación con los inmigrantes, ¿Quién no ha tenido en su familia un inmigrante? ¿Y quién no ha querido ser tratado dignamente en un país extranjero? Esto que parece tan obvio es necesario recordarlo. No podemos oprimir o exprimir al otro, como no queremos que se nos oprima a nosotros y mucho menos cuando estamos en extrema necesidad. Son normas tan básicas, y con todo los creyentes las tenemos que recordar y hacerlas vida de nuestra vida. Tendríamos que poder contradecir con nuestra vida ciertas imágenes que se tienen de los creyentes. Nuestras vidas deberían estar más acordes con el evangelio, con el mensaje de amor que nos llega a través de la historia de la salvación. Seguramente algunas personas han dejado de creer en Dios por la falsa imagen que hemos dado los creyentes de Él, así lo reconoció el Concilio Vaticano II en la 'Gaudium et Spes'. Los que invocamos a Dios como Padre, lo hacemos desde el reconocimiento de una hermandad universal. Todos somos hijos de Dios. Y no honra a Dios aquel que mal dice o mal hace a los hijos del Padre. El apóstol y evangelista Juan nos recuerda en una de sus cartas que es un mentiroso aquel que dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve. Y llega a afirmar que sólo aquel que ama conoce a Dios. También el apóstol Santiago nos exhorta a traducir en obras nuestra fe. Una fe sin obras está muerta. Las obras de los creyentes deben manifestar el amor de Dios, en quien creemos, hacia toda la humanidad. Sólo así podrá ser creíble nuestra fe. Si nos amamos, manifestemos nuestro amor hacia el otro, que es un ser necesitado, como lo es uno mismo.
P. Miquel Bonet Nicolau C. R.
DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO. C. A.
Hoy se nos dice que lo principal e importante para el hombre creyente es amar a Dios sobre todas las cosas, pero semejante a esto tan importante se nos añade que es amar al prójimo como a uno mismo.
Sobre la cuestión del prójimo el evangelista Lucas nos ilustrará con la parábola del buen Samaritano. Pero hoy quisiera centrarme en esto de amarlo como a uno mismo. Y para ilustrarlo podríamos recordar todas aquellas sentencias que nos recuerda: 'no quieras para los otros lo que no quieres para ti'. 'Ama como quieres ser amado'. 'Sirve como quisieras ser servido'.
El Libro del Éxodo nos ha recordado una serie de normas muy sabias, que los cristianos no deberíamos olvidar, aunque ciertas leyes 'llamadas progresistas' no las tengan en cuanta. Nuestra relación con los inmigrantes, ¿Quién no ha tenido en su familia un inmigrante? ¿Y quién no ha querido ser tratado dignamente en un país extranjero? Esto que parece tan obvio es necesario recordarlo. No podemos oprimir o exprimir al otro, como no queremos que se nos oprima a nosotros y mucho menos cuando estamos en extrema necesidad.
Son normas tan básicas, y con todo los creyentes las tenemos que recordar y hacerlas vida de nuestra vida. Tendríamos que poder contradecir con nuestra vida ciertas imágenes que se tienen de los creyentes. Nuestras vidas deberían estar más acordes con el evangelio, con el mensaje de amor que nos llega a través de la historia de la salvación.
Seguramente algunas personas han dejado de creer en Dios por la falsa imagen que hemos dado los creyentes de Él, así lo reconoció el Concilio Vaticano II en la 'Gaudium et Spes'. Los que invocamos a Dios como Padre, lo hacemos desde el reconocimiento de una hermandad universal. Todos somos hijos de Dios. Y no honra a Dios aquel que mal dice o mal hace a los hijos del Padre.
El apóstol y evangelista Juan nos recuerda en una de sus cartas que es un mentiroso aquel que dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve. Y llega a afirmar que sólo aquel que ama conoce a Dios. También el apóstol Santiago nos exhorta a traducir en obras nuestra fe. Una fe sin obras está muerta. Las obras de los creyentes deben manifestar el amor de Dios, en quien creemos, hacia toda la humanidad. Sólo así podrá ser creíble nuestra fe. Si nos amamos, manifestemos nuestro amor hacia el otro, que es un ser necesitado, como lo es uno mismo.
P. Miquel Bonet Nicolau C. R.
DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO. C. A.
Hoy se nos dice que lo principal e importante para el hombre creyente es amar a Dios sobre todas las cosas, pero semejante a esto tan importante se nos añade que es amar al prójimo como a uno mismo.
Sobre la cuestión del prójimo el evangelista Lucas nos ilustrará con la parábola del buen Samaritano. Pero hoy quisiera centrarme en esto de amarlo como a uno mismo. Y para ilustrarlo podríamos recordar todas aquellas sentencias que nos recuerda: 'no quieras para los otros lo que no quieres para ti'. 'Ama como quieres ser amado'. 'Sirve como quisieras ser servido'.
El Libro del Éxodo nos ha recordado una serie de normas muy sabias, que los cristianos no deberíamos olvidar, aunque ciertas leyes 'llamadas progresistas' no las tengan en cuanta. Nuestra relación con los inmigrantes, ¿Quién no ha tenido en su familia un inmigrante? ¿Y quién no ha querido ser tratado dignamente en un país extranjero? Esto que parece tan obvio es necesario recordarlo. No podemos oprimir o exprimir al otro, como no queremos que se nos oprima a nosotros y mucho menos cuando estamos en extrema necesidad.
Son normas tan básicas, y con todo los creyentes las tenemos que recordar y hacerlas vida de nuestra vida. Tendríamos que poder contradecir con nuestra vida ciertas imágenes que se tienen de los creyentes. Nuestras vidas deberían estar más acordes con el evangelio, con el mensaje de amor que nos llega a través de la historia de la salvación.
Seguramente algunas personas han dejado de creer en Dios por la falsa imagen que hemos dado los creyentes de Él, así lo reconoció el Concilio Vaticano II en la 'Gaudium et Spes'. Los que invocamos a Dios como Padre, lo hacemos desde el reconocimiento de una hermandad universal. Todos somos hijos de Dios. Y no honra a Dios aquel que mal dice o mal hace a los hijos del Padre.
El apóstol y evangelista Juan nos recuerda en una de sus cartas que es un mentiroso aquel que dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve. Y llega a afirmar que sólo aquel que ama conoce a Dios. También el apóstol Santiago nos exhorta a traducir en obras nuestra fe. Una fe sin obras está muerta. Las obras de los creyentes deben manifestar el amor de Dios, en quien creemos, hacia toda la humanidad. Sólo así podrá ser creíble nuestra fe. Si nos amamos, manifestemos nuestro amor hacia el otro, que es un ser necesitado, como lo es uno mismo.
P. Miquel Bonet Nicolau C. R.
DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO. C. A.
Hoy se nos dice que lo principal e importante para el hombre creyente es amar a Dios sobre todas las cosas, pero semejante a esto tan importante se nos añade que es amar al prójimo como a uno mismo.
Sobre la cuestión del prójimo el evangelista Lucas nos ilustrará con la parábola del buen Samaritano. Pero hoy quisiera centrarme en esto de amarlo como a uno mismo. Y para ilustrarlo podríamos recordar todas aquellas sentencias que nos recuerda: 'no quieras para los otros lo que no quieres para ti'. 'Ama como quieres ser amado'. 'Sirve como quisieras ser servido'.
El Libro del Éxodo nos ha recordado una serie de normas muy sabias, que los cristianos no deberíamos olvidar, aunque ciertas leyes 'llamadas progresistas' no las tengan en cuanta. Nuestra relación con los inmigrantes, ¿Quién no ha tenido en su familia un inmigrante? ¿Y quién no ha querido ser tratado dignamente en un país extranjero? Esto que parece tan obvio es necesario recordarlo. No podemos oprimir o exprimir al otro, como no queremos que se nos oprima a nosotros y mucho menos cuando estamos en extrema necesidad.
Son normas tan básicas, y con todo los creyentes las tenemos que recordar y hacerlas vida de nuestra vida. Tendríamos que poder contradecir con nuestra vida ciertas imágenes que se tienen de los creyentes. Nuestras vidas deberían estar más acordes con el evangelio, con el mensaje de amor que nos llega a través de la historia de la salvación.
Seguramente algunas personas han dejado de creer en Dios por la falsa imagen que hemos dado los creyentes de Él, así lo reconoció el Concilio Vaticano II en la 'Gaudium et Spes'. Los que invocamos a Dios como Padre, lo hacemos desde el reconocimiento de una hermandad universal. Todos somos hijos de Dios. Y no honra a Dios aquel que mal dice o mal hace a los hijos del Padre.
El apóstol y evangelista Juan nos recuerda en una de sus cartas que es un mentiroso aquel que dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve. Y llega a afirmar que sólo aquel que ama conoce a Dios. También el apóstol Santiago nos exhorta a traducir en obras nuestra fe. Una fe sin obras está muerta. Las obras de los creyentes deben manifestar el amor de Dios, en quien creemos, hacia toda la humanidad. Sólo así podrá ser creíble nuestra fe. Si nos amamos, manifestemos nuestro amor hacia el otro, que es un ser necesitado, como lo es uno mismo.
P. Miquel Bonet Nicolau C. R.
DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO. C. A.
Hoy se nos dice que lo principal e importante para el hombre creyente es amar a Dios sobre todas las cosas, pero semejante a esto tan importante se nos añade que es amar al prójimo como a uno mismo.
Sobre la cuestión del prójimo el evangelista Lucas nos ilustrará con la parábola del buen Samaritano. Pero hoy quisiera centrarme en esto de amarlo como a uno mismo. Y para ilustrarlo podríamos recordar todas aquellas sentencias que nos recuerda: 'no quieras para los otros lo que no quieres para ti'. 'Ama como quieres ser amado'. 'Sirve como quisieras ser servido'.
El Libro del Éxodo nos ha recordado una serie de normas muy sabias, que los cristianos no deberíamos olvidar, aunque ciertas leyes 'llamadas progresistas' no las tengan en cuanta. Nuestra relación con los inmigrantes, ¿Quién no ha tenido en su familia un inmigrante? ¿Y quién no ha querido ser tratado dignamente en un país extranjero? Esto que parece tan obvio es necesario recordarlo. No podemos oprimir o exprimir al otro, como no queremos que se nos oprima a nosotros y mucho menos cuando estamos en extrema necesidad.
Son normas tan básicas, y con todo los creyentes las tenemos que recordar y hacerlas vida de nuestra vida. Tendríamos que poder contradecir con nuestra vida ciertas imágenes que se tienen de los creyentes. Nuestras vidas deberían estar más acordes con el evangelio, con el mensaje de amor que nos llega a través de la historia de la salvación.
Seguramente algunas personas han dejado de creer en Dios por la falsa imagen que hemos dado los creyentes de Él, así lo reconoció el Concilio Vaticano II en la 'Gaudium et Spes'. Los que invocamos a Dios como Padre, lo hacemos desde el reconocimiento de una hermandad universal. Todos somos hijos de Dios. Y no honra a Dios aquel que mal dice o mal hace a los hijos del Padre.
El apóstol y evangelista Juan nos recuerda en una de sus cartas que es un mentiroso aquel que dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve. Y llega a afirmar que sólo aquel que ama conoce a Dios. También el apóstol Santiago nos exhorta a traducir en obras nuestra fe. Una fe sin obras está muerta. Las obras de los creyentes deben manifestar el amor de Dios, en quien creemos, hacia toda la humanidad. Sólo así podrá ser creíble nuestra fe. Si nos amamos, manifestemos nuestro amor hacia el otro, que es un ser necesitado, como lo es uno mismo.
P. Miquel Bonet Nicolau C. R.
DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO. C. A.
Hoy se nos dice que lo principal e importante para el hombre creyente es amar a Dios sobre todas las cosas, pero semejante a esto tan importante se nos añade que es amar al prójimo como a uno mismo.
Sobre la cuestión del prójimo el evangelista Lucas nos ilustrará con la parábola del buen Samaritano. Pero hoy quisiera centrarme en esto de amarlo como a uno mismo. Y para ilustrarlo podríamos recordar todas aquellas sentencias que nos recuerda: 'no quieras para los otros lo que no quieres para ti'. 'Ama como quieres ser amado'. 'Sirve como quisieras ser servido'.
El Libro del Éxodo nos ha recordado una serie de normas muy sabias, que los cristianos no deberíamos olvidar, aunque ciertas leyes 'llamadas progresistas' no las tengan en cuanta. Nuestra relación con los inmigrantes, ¿Quién no ha tenido en su familia un inmigrante? ¿Y quién no ha querido ser tratado dignamente en un país extranjero? Esto que parece tan obvio es necesario recordarlo. No podemos oprimir o exprimir al otro, como no queremos que se nos oprima a nosotros y mucho menos cuando estamos en extrema necesidad.
Son normas tan básicas, y con todo los creyentes las tenemos que recordar y hacerlas vida de nuestra vida. Tendríamos que poder contradecir con nuestra vida ciertas imágenes que se tienen de los creyentes. Nuestras vidas deberían estar más acordes con el evangelio, con el mensaje de amor que nos llega a través de la historia de la salvación.
Seguramente algunas personas han dejado de creer en Dios por la falsa imagen que hemos dado los creyentes de Él, así lo reconoció el Concilio Vaticano II en la 'Gaudium et Spes'. Los que invocamos a Dios como Padre, lo hacemos desde el reconocimiento de una hermandad universal. Todos somos hijos de Dios. Y no honra a Dios aquel que mal dice o mal hace a los hijos del Padre.
El apóstol y evangelista Juan nos recuerda en una de sus cartas que es un mentiroso aquel que dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve. Y llega a afirmar que sólo aquel que ama conoce a Dios. También el apóstol Santiago nos exhorta a traducir en obras nuestra fe. Una fe sin obras está muerta. Las obras de los creyentes deben manifestar el amor de Dios, en quien creemos, hacia toda la humanidad. Sólo así podrá ser creíble nuestra fe. Si nos amamos, manifestemos nuestro amor hacia el otro, que es un ser necesitado, como lo es uno mismo.
P. Miquel Bonet Nicolau C. R. 10月19日 HOMILÍA DOMINGO XXIX (DOMUN) 19-10-2008DOMINGO XXIX TIEMPO ORDINARIO. C. A. 19 DE OCTUBRE. “DOMUND”
Por favor., no es válido decir o pensar que en nuestra comunidad eucarística somos o estamos pocos. Sería mucho mejor que me preguntara qué hago para que Cristo sea conocido y aceptado como mi salvador, el salvador de los hombres y mujeres. El camino, la Verdad y la Vida. Habrá que ir a países lejanos para anunciar la Buena Noticia de la Salvación, pero no podemos olvidar, no debemos olvidar a nuestros vecinos, los que conviven con nosotros que no conocen a Cristo, tienen un conocimiento muy parcial, o si un día lo conocieron, lo abandonaron. Una labor muy difícil tenemos los cristianos de la vieja Europa, o de nuestra España católica. La gente “pasa” o no terminamos de saber llegar al corazón del hombre de hoy para que guste y descubra la vida de Dios, manifestada en su Hijo Jesucristo, que quiere la vida en plenitud para todo ser humano. Habrá que recuperar la confianza y tener la valentía de dirigirnos a nuestros hermanos para compartir los valores humanos, que también son valores del Reino de Dios, si de verdad Cristo es importante para nosotros. Como el profeta Isaías tendríamos que tener un sentido positivo de la historia humano y saber ver en los acontecimientos la mano de Dios que la guía, aunque a veces lo haga a través de personas que no le conocen o no ll reconocen, pero que trabajan por la liberación de toda esclavitud y respetan a los que no piensan como ellos. Ciro rey de Persia fue el instrumento de Dios, según el profeta Isaías, para que el pueblo esclavo en Babilonia pudiera regresar a Israel y reconstruir el Templo del Señor. Nosotros de Cristo hemos recibido la misión de ir al mundo entero para anunciar la salvación, la victoria de la vida sobre la muerte iniciada en la muerte y resurrección de Cristo. Si de verdad lo aceptamos demos gracias a Dios por estos antepasados que nos lo transmitieron y nosotros tengamos el coraje de compartirlo con los demás. Si de verdad es importante para nosotros la antorcha de la fe cedámosla a otros para que también les ilumine. Demos a Dios lo que es de Dios. No se trata de pagar o no pagar tributo, si como ciudadanos nos aprovechamos de las obras públicas habrá que contribuir, pero no olvidemos dar a Dios lo que es suyo, nuestras vidas y Él nos las bendecirá y llevará a plenitud. El dinero, las riquezas son medios para poder hacer cosas e intercambiar bienes de este mundo, también las pedimos para los misioneros, pero por muy importantes que sean los medios, y lo son, más importante es el fin, que es la vida del hombre en este mundo presente y en la eternidad. No debería ser que unos tengan tanto y otros tan poco. Una dosis de solidaridad nos hace falta ésta también es un valor del Reino de Dios, un mundo más solidario, un mundo más humano. P. Miquel Bonet Nicolau C.R. 10月16日 Trata de Qué leches es Caritas (o no nos callarán)
Cita TOMADO DEL CURA JORGE Qué leches es Caritas (o no nos callarán) 10月10日 HOMILÍADOMINGO 28 DEL TIEMPO ORDINARIO. C.A. (12 OCTUBRE 2008) OTRO COMENTARIO SOBRE LA PARÁBOLA DEL BANQUETE Y LOS INVITADOS DESCORTESES.
Las bodas siempre son un acontecimiento social y si es el hijo de un rey mucho más. Las invitaciones suelen tramitarse con bastante antelación, para que los invitados tengan tiempo de preparase al acontecimiento.
Todos estos trámites también se hace entre la gente sencilla, incluso a veces con la anotación, se ruega contestación. El caso es que desde el aviso de boda transcurre un tiempo, mientras uno se va enterando de las personas que se han invitado y si entre los invitados hay gente que no nos cae bien , o con los cuales estamos enemistados, no resulta muy embarazoso, dar la callada por respuesta o buscar una escusa, como los de la parábola.
Puesto que es una parábola que nos introduce en el misterio del reino de Dios, podría ser muy bien que ya este rey de la parábola hubiera invitado a gente humilde, gente pobre. Y cómo la gente importante se va a codear o sentarse con los marginados,, con los pobres, con los de “baja” condición.
No lo dice la parábola, pero sí dice que al final son estos los que llenan la sala y lo único que se les pide es “el traje de fiesta”. El rey quiere fiesta en la boda de su hijo, con todo lo que ello implica, alegría, buena comida, cortesía, comunicación, apertura al otro. Donde hay fiesta se destierra el rencor, la envidia, el mal humor.
La parábola habla del reino y es dirigida a los sacerdotes y senadores, es decir, a los sabios y entendidos , que en el trasfondo no terminaban de aceptar lo que decía y hacía Jesús.
La iglesia desde la muerte y resurrección de Cristo nos invita a este banquete. Dios nos invita a la boda de su hijo, se ha desposado con la humanidad toda y él mismo es el banquete y pide de nosotros el traje de fiesta, que entremos en la fiesta, que nos impliquemos en ella, que desterremos el mal humor, la envidia, el egoismo y entremos en comunión con Él.
Este domingo esta parábola evangélica ha sido precedida por la lectura del profeta Isaías, que nos habla del día aquel en que Dios, en la montaña santa, preparará el gran banquete. Ya no habrá lágrimas ni dolor, el mismo enjugará nuestras lágrimas.
Pero mientras llega esto, que celebramos sacramentalmente en la eucaristía, los creyentes estamos comprometidos a trabajar con ahínco por un mundo más solidario, más humano, sí, más fraternal. También en crisis económica, o tal vez más en ella sabiendo descubrir, que los bienes materiales, tan necesarios, son muy inestables y volátiles. Todo pasa, pero los creyentes afirmamos que Dios permanece con su amor hacia cada hombre y hacia todos en cada uno está el corresponder a este amor.
Dios sigue hablándonos e invitándonos ¿Nos pondremos el “traje de fiesta y entraremos?”
P. Miquel Bonet Nicolau C.R. 10月4日 Proximo conciertoMichael Andreas Haeninger el próximo 12 de octubre a las 18 horas ofrecerá un concierto de piano en la Iglesia de SANT GAIETÀ, Barcelona. C/ C. de Ciento 293
10月2日 Homilía DOMINGO XXVII, 6 de octubreDOMINGO XXVII TIEMPO ORDINARIO. C. A. 5-10-2008.
La Sagrada Escritura con frecuencia emplea imágenes sacadas de la vida agrícola o social para hablarnos del amor con que Dios ama a su pueblo y a toda la humanidad, y cómo éste o ésta no siempre corresponde a este amor. Este domingo la imagen que se nos propone tanto el profeta Isaías como Jesús en el evangelio es la imagen de la viña, el caso del Isaías y la de los viñadores en el caso de Jesús, pero en el fondo un mismo mensaje. Con qué primor cuida el viñador a su viña, ayer y hoy, la mima, la desbroza, la abona, le quita las malas hierbas, los sarmientos estériles, la visita mil y una vez, la mira , la contempla, orgulloso de su viña y de la uva y el vino que espera cosechar, pero he ahí que esta viña no corresponde con los frutos esperados, en vez de dar uva da agrazones. Qué se puede hacer, pues no perder más tiempo. Hay que lograr que la viña de sus frutos y si ésta no lo hace plantara otra cepa. En el evangelio son los labradores que no quieren entregar la cosecha al dueño de la viña. En ambos casos siempre es el pueblo o la humanidad que no da el fruto que el dueño espera. Es una clara invitación a la conversión, a reflexionar sobre los frutos que damos, cómo correspondemos al amor de Dios. Pablo en su carta a los Filipenses sigue exhortándonos. Tengamos en cuenta todo lo que hay de bueno, amable, laudable. La sociedad en tiempo de Pablo no era mejor que la nuestra y con todo dentro de la corrupción, de la confusión, de las envidias que nos envuelven hay que saber reconocer lo bueno y justo, que también lo hay y apegarnos a ello. Como os decía el pasado domingo, no demos la culpa a los demás o a las circunstancias que nos rodean, seamos responsables de nuestros actos y corrijámonos cuando nos damos cuenta que estamos equivocados.
P. Miquel Bonet Nicolau C.R.
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